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Ernest Jünger habla del capitán Contreras

Ernest Jünger habla del capitán Contreras Alonso de Contreras, capitán español de barco y de milicia, que demostró ser -durante la Guerra de los Treinta Años, y al cabo de incontables aventuras por tierra y por mar- un tipo con agallas y un guerrero duro, pertenecía, según Lope de Vega, a esa categoría de hombres con quienes uno se siente obligado a partir la capa. Poseía todos los rasgos característicos de su raza, por los que la circunspección alemana jamás pudo sentirse atraída. Esa sangre meridional es, sin embargo, un magnífico jugo, muy oscuro, y sazonado con un buen chorro de bilis a guisa de azafrán. Se parece al denso, casi negro vino de su país que, a causa de los odres en que se lo conserva, adquiere ese áspero y resinoso sabor al que los paladares extranjeros no se acostumbran fácilmente. La devoción y el valor caballeresco son sus excelentes atributos, el fanatismo y la crueldad los limitan como sombras. Todo ello se muestra decisivamente en el caso de Contreras.

 

¡Cuántos recios muchachos de esa especie deben haber desaparecido sin dejar huella, deben haber mordido el polvo con un tesoro natural de vivos recuerdos! Por ello no podemos sino felicitarnos ante la inusual casualidad que hizo que un Gelmmelshausen, un Commynes, un Cervantes o un Contreras, echasen mano de la pluma para relatar la historia de su tiempo a partir del lugar en que late más cálida e inmediatamente: desde el corazón del guerrero.

 

Es en especial Contreras quien nos descubre algún extraño rincón del mundo y la visión de unas luchas que se hallan más bien lejos de las cosas que nos son habituales. Porque si es verdad que con trece años parte como mozo de cocina a Flandes, donde se cuentan tantos campos de batalla como pueblos, pronto nos lo encontraremos en el sur de Italia, desde cuyos puertos sale a participar en numerosas singladuras de guerra y de corso, contra el turco y contra el moro, para desempeñar ya en años muy mozos, como capitán de barcos de la Orden de Malta y de los del virrey de Nápoles, parejas su fortuna y su valor, un papel temido en todos los puertos paganos del Levante.

 

En animada sucesión lo hallamos luego de alférez en etapas por España y Portugal, por Flandes y por Francia y por Italia, de caballero en la isla de Malta, y en Sicilia de esposo desventurado que cobra con la espada la común infidelidad de su mujer y su amigo, pues que en resumidas cuentas -y de acuerdo con una piadosa tradición- a él le asedian menos remordimientos de conciencia por cometer un homicidio que por el pecado de quebrar el ayuno los viernes. En La Mahometana, en la costa de Berbería, es uno de los pocos que se libra de la matanza que organizan entre los desembarcados en la playa los moros que surgen repentinamente de sus escondrijos, y llega de vuelta a las galeras cuando el peso de su armadura casi lo hace ahogarse. Es izado a bordo por un cómitre que le había prestado su jacerina y que no quería perder tan buena prenda. En España se compra un sayal, unos libros de penitencia y una calavera, para vivir luengos meses como penitente y ermitaño en una solitaria región montañosa; luego vuelve a aparecer de capitán en un extraño proceso en Cádiz, navega como capitán de barco a las Indias para hacer la guerra naval en las costas de Cuba y Santo Domingo contra el filibustero inglés Guatarral, gana algunas escaramuzas, lo nombran gobernador de la pequeña isla siciliana de Pantanalca.

 

Después de una estancia en Roma, donde el papa le favorece, ganado por su viril personalidad, recibe del virrey de Nápoles una patente como capitán de caballos de coraza..., pero nos llevaría muy lejos seguir la plétora de acontecimientos, aunque sólo fuese un esbozo. El propio Contreras sólo nos da un sucinto extracto, y de vez en cuando, en oraciones subordinadas aflojadas como al descuido, da a entender al lector que aquello que no fue mencionado es lo que abarca la parte más considerable de su vida. Además, las anotaciones se interrumpen de pronto en el año de 1633: es probable que fueran sustituidas de nuevo, ellas, que debieron su nacimiento a un breve período de calma, por la más enérgica escritura de la espada. Vertidas a un buen alemán por Otto Fischer, aparecieron en el año 1924 en la editorial Propyläen. Hay que leerlas: quizá algunas pequeñas anécdotas despierten el apetito.

 

 Así, por ejemplo, en sus primeras aventuras, una de las cuales se desarrolla entre la captura de un galeón maltés y la de un caramuzal turco en un pinar cerca del cabo Silidonia, Contreras participa siendo aún un diminuto mozalbete. Completamente solo, topa en el pinar grande con un turco gigantesco, a quien sin más le ordena arrojarse al suelo como prisionero. Al mirarlo, el turco se ríe a carcajadas: Bremaneur casaca cocomiz, que quiere decir: "Putillo que te hiede el culo como a un perro muerto". Contreras, enfurecido, se arroja contra él, detiene un terrible lanzazo y consigue dar a su adversario una buena estocada en el pecho. Una bandera, mil quinientos ducados, y cien ducados de gratificación por el prisionero, a quien aguarda la esclavitud, le corresponden como botín de guerra.

 

 Éste, como todos los botines que gana más tarde o más temprano, lo dilapida en alegre compañía, exceptuando lo que se reserva para obras pías. Esta parte no es menospreciable: así, por ejemplo, algún tiempo después manda construir una iglesia en su isla. Los taberneros y las mozas sacaban buena tajada si no escatimaban humor y celo, de lo contrario les hacía darse cuenta de que con él era mejor estar a partir un piñón. Por ejemplo: el dueño de una hostería en Palermo, que no aguanta una broma, cae apuñalado durante una gran borrachera; a golpes de espada sigue la cuestión con cocineros y criados, quienes a su vez carga con asadores y cuchillos de cocina. En el curso de una francachela parecida, en Nápoles, caen sobre las botas de vino, las cuales, acuchilladas, derraman su contenido como fuentes. Afuera se oye una voz socarrona: "No se quejará más el bujarrón, le he enviado a cenar al infierno". Uno de los camaradas se desploma derribado por un tiesto que le arrojan desde arriba, a otro le pasan la muñeca de un alabardazo de los de la ronda italiana, el tumulto se extiende hasta que llega el cuerpo de guardia principal de los españoles, con alabardas y arcabuces, para poner fin. A Contreras lo engaña su moza, se le sube la sangre, agarra su daga para dejarle un recuerdo en el rostro, pero como ella, previendo lo que le espera, esconde su cabeza entre las piernas, él le marca dos buenos chirlos en las asentaderas, como en un melón maduro.

 Durante el mismo viaje en el que vence a un turco como un filisteo, descubren un bajel tripulado por cuatrocientos turcos, y que además viene artillado. El capitán, un matasiete, hace enclavar los escotillones para la tripulación en cubierta, de suerte que era menester pelear o saltar a la mar. Entonces comienza un baile en el que suceden las más milagrosas peripecias. Así, por ejemplo, a un artillero holandés los turcos le aciertan en medio de la cabeza, haciéndosela añicos. Un hueso grande le da a un vecino del artillero, que de nacimiento tenía tuertas las narices, con tan buena fortuna que se las deja derechas y naturales. A otro, adolorido desde hace mucho por una enfermedad insoportable, una bala de artillería le raspa las nalgas con el notable resultado de que el así raspado se siente curado desde esa hora, y declara que el aire de una bala es la más provechosa medicina del mundo.

 

 Educado en una ruda escuela, Contreras es, en años posteriores, un jefe que sabe asegurarse el respeto en cualquier situación. Así, por ejemplo, al comienzo de su aventura por las Indias se trama un motín entre su tripulación. Cuando una noche, como de costumbre, quiere enviarla abajo, a sus ranchos, un mozallón bastante insolente le grita: "Aquiétese su ánima". Sin gastar tiempo en palabras, Contreras saca su espada y le parte el cráneo de una sola cuchillada. Al punto desaparecen los descontentos. Al cabo de algún tiempo le comunican que el interfecto está muriéndose: "Confiésenlo y échenlo al mar". A partir de ahí su gente se vuelve más suave que un guante: a quien arriesga, aunque sólo sea una leve maldición, le hacía estar de pie una hora con un morrión que pesaba treinta libras y un peto del mismo peso, de modo que "aún echar, ¡voto a Dios!, no se echó en todo el viaje".

 

 A pesar de su rudeza, Contreras es un tipo formidable. Lope de Vega le dedica su comedia El rey sin reino, alusión a una de las aventuras que tuvo con los moriscos. A la altura de sus movidos y peligrosos tiempos, y dominando sus medios, ofrece la imagen de un caballero de fortuna que sabe desenvolverse por el mundo y que en todos sus salvajes actos no transgrede nunca, sin embargo, las leyes de la fidelidad, el honor y la camaradería. Ofuscado ayer por la gritería borracha de las tabernas y arrojando a manos llenas las monedas de oro, corona hoy el primero la muralla calcinante por el sol de una fortaleza solitaria en la Berbería o le arrebata una fragata al rey de Túnez, para hacerse mañana amigos y valedores, en charlas confidenciales, entre los príncipes de la sangre y los de la Iglesia. Sabedor de lo que vale, se reconoce pecador, pero está al propio tiempo convencido de que a hombres como él los protege una gracia especial. Así vive su abigarrada vida, sin coerción, acorde con su naturaleza interior, y nos hace participar en ella.

Publicado en los tercios españoles

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Tomás Bobes: El Caudillo de Los Llanos

Tomás Bobes: El Caudillo de Los Llanos

Texto recogido en la red, no conocemos su procedencia 

Amarga era la queja, que según la «Hemeroteca» de este diario recoge,
veinticinco años ha Manuel Avello publicaba con ocasión de cumplirse de modo
inminente el segundo centenario del caudillo de los llanos venezolanos, y el
amargo olvido con el que el pueblo ovetense obsequiaba a uno de nuestros
paisanos más trascendentes. Siempre mantuvo el cronista, que frente a la
estatua bolivariana que Madrid le dedicó en el Parque del Oeste, Oviedo sólo
había tenido para el guerrero incansable una mísera placa en la calle que
ostenta su nombre, algo que no ha variado hasta la actualidad, por mucho que
algunos nos hallamos empeñado.

José Tomás Rodríguez y de la Iglesia, nació en la capital de Asturias, en el
ovetense barrio del Postigo. Bautizado con este nombre y así registrado por
el correspondiente párroco, utilizaría el apellido Bobes -el segundo de su
padre- que le acompañaría y lo distinguiría el resto de su vida. Con una
infancia difícil, en la que pronto queda huérfano de su progenitor, su madre
se ve obligada a desplazarse a la vecina villa de Gijón, donde podría
encontrar trabajo. Sería una decisión vital para Tomás Bobes, pues entraría
en el instituto recién creado por Jovellanos, donde podrá seguir unos
estudios considerados de privilegio para aquellos tiempos. No era pues Bobes
el inculto, el rústico y el bárbaro asturiano que más tarde desde el otro
lado del océano se empeñarían en hacernos llegar.
No era tampoco de los estudiantes más aventajados, pero realiza con holgura
los estudios de Náutica que allí se imparten. Revalidaría su título en
Ferrol, donde obtiene el certificado que le habilita como segundo piloto en
la Marina mercante. Debió para él ser algo cotidiano la travesía de océano
Atlántico, pues se enroló en el bergantín «Ligero» que hacía la ruta a
Venezuela regularmente. Allí avistaría por primera vez las costas
venezolanas, país que luego sería su segunda patria y lugar de descanso para
sus restos. Hasta aquí nada había sido un camino de rosas, pero parece ser
que sus primeros pasos discurrieron según los planes previstos. Tendría que
venir de la mano de la hostil Inglaterra el primer revés para el marino
asturiano. Como ésta pretendía monopolizar el comercio entre Caracas y las
Antillas en cuanto a carnes, pieles y ganado se refiere, los navíos
españoles desafiaban estas restricciones, que fueron burladas en más de
alguna ocasión. Seguro que Bobes estaba entre los pilotos que así lo hacían,
lo que sirvió para que, una vez denunciado, las autoridades españolas lo
desterrasen a un poblado de los llanos venezolanos conocido como Calabozo.
La reclusión en una localidad con este nombre no deja de tener sus visos
irónicos, pero esto no va a arredrar su ánimo, y se instala dedicándose al
comercio y a la cría de ganado.

Había sido un error este destierro, pero un segundo error vino a sumarse al
primero, haciendo más fácil los hechos históricos que vendrían más tarde.
Calabozo está situada en la cabecera de los inmensos páramos de pastos y
vegetación que son las llanuras venezolanas. Donde prospera salvaje y bravío
el ganado vacuno y donde pastan los caballos cimarrones a miles. Allí se
convirtió el marino en jinete, y de jinete pasó a centauro legendario. Y
allí, también, estrecharía lazos con los habitantes de una tierra primitiva,
en la que el caballo y la lanza son las únicas garantías de supervivencia. Y
tercer error, allí podría conocer y entablar estrechos vínculos de amistad y
respeto con los más desfavorecidos de aquellas tierras: los pardos, los
zambos, los indios y los negros. Sus futuras huestes.
Un oficial independentista, comisionado por «El Libertador» Bolívar, llega a
la población en busca de hombres, caballos y fondos. Finaliza 1812, y aquel
insurgente llamado Juan Escalona mide mal sus acciones. Bobes se les
resiste, y es encarcelado, vejado golpeado y además expoliado de todos sus
bienes. Lo que no se pueden llevar es incendiado injustamente. El «canalla
de Escalona», como lo denominaba Bolívar, no lo sabe, pero acaba de provocar
una guerra a muerte en los llanos con funestas consecuencias para sus
propósitos. Ayudado por un indio amigo, Reyes Vargas, Bobes obtiene la
libertad y recluta un ejército que será el terror de los independentistas en
los dos años venideros.

Las campañas del asturiano al frente de sus lanceros dan sobradamente para
más de un libro. Lugares como el mismo Calabozo, Santa Catalina,
Mosquiteros, La Puerta y otros son testigos de la furia llanera comandada
por el asturiano. Ciudades como Barcelona o la misma Caracas caerán ante el
vendaval desatado y la propia e incipiente República será barrida de la
realidad. Así, día a día, confrontación tras confrontación, se forjó el mito
y se hizo real lo imposible: contener la que parecía inminente independencia
de Venezuela. Bobes con el grado de coronel es ya comandante general del
Ejército de Barlovento. Es ya también el caudillo acusado de tropelías,
crímenes y atrocidades que no tienen nombre. Pero algunos se olvidan de que
sólo llevó a la práctica lo que las tropas bolivarianas habían postulado,
«la guerra a muerte» que su seguidor Briceño proclamara a los cuatro
vientos. Aquí bien se puede afirmar que él no empezó primero. Cayó en
diciembre de 1814 en un oscuro lugar llamado Urica, cuando cargaba en
primera línea contra las diezmadas tropas enemigas que huían en desbandada.
Un lanzazo en el costado fue suficiente para acabar con el caudillo llanero.
Aquí no hemos acabado con él, pero el recuerdo de tan grande gesta sigue
siendo tan escaso como el que hacía lamentarse a Avello hace veinticinco
años.

Autor: Gerardo Lombardero

Cine: Alatriste

Granada: Recordando un dos de Enero

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Decreto de expulsión de los judios de España (1492)

Decreto de expulsión de los judios de España (1492)

Don fernando é doña ysabel, por la graçia de dios Rey é Reina de castilla, de león, de aragón, de seçilia, de granada, de toledo, de valencia, de galizia, de mallorcas, de sevilla, de çerdeña, de córdova, de córcega, de murçia, de jahén, del  algarbe, de algesira, de gibraltar é de las yslas de Canaria, conde é condesa de barçelona, é Señores de viscaya é de molina, duques de atenas é de neopatria, condes de Rosillón é de çerdania, marqueses de oristán é de goçiano, al príncipe don Juan nuestro muy caro é muy amado hijo, é á los ynfantes, perlados, duques, marqueses, condes,maestres de las hórdenes, priores, Ricos omes, comendadores, alcaydes de los castilloes é casas fuertes de los nuestros Reynos é Señoríos, é á los conçejos, corregidores, alcaldes, alguaçiles, merinos cavalleros, escuderos, ofiçiales é omes buenos de la muy noble é leal çibdad de ávila é de las otras çibdades é villas é lugares de su obispado, é de los otros arçobispados é obispados é dióc(esis) de los dichos nuestros Reynos é señoríos, é á las Aljamas de los judíos de la dicha çibdad de ávila, é de todas las dichas çíbdades é villas é lugares de su obispado é de todas las otras çibdades é villas é lugares de los dichos nuestros Reynos é señoríos, é á todos los Judíos é personas singulares dellos así varones commo mugeres de qualquier hedad que sean, é á todas las otras personas de qualquier estado, dignidad, preminençia, condición que sean é a quien lo de yuso, en esta nuestra Carta contenido atañe, ó atañer puede en qualquier manera, salud é graçia.

   Sabedes é devedes saber que, porque nos fuemmos ynformados que en estos nuestros Reynos avía algunos malos christianos, que judaysavan é apostatavan de nuestra Santa fe católica, de lo cual era mucha cabsa la comunicación de los Judíos con christianos, en las cortes que hesimos en la çcibdad de toledo el año pasado de mill é quatroçientos éochenta años mandamos apartar é los dichos Judíos en todas las çibdades, villas é lugares de los nuestros Reynos éseñoríos, é dalles juderías é lugares apartados, donde biviesen esperando que con su apartamiento so remediaría; é otrosí ovimos procurando é dado horden como se hiziese ynquisición en los dichos nuestros Reynos é Señoríos; la cual, commo sabeys, ha más de dose años que se ha fecho é fase, é por ella han fallado muchos culpantes, segund es notorio, é segund somos ynformados de los ynquisidores é de otras muchas personas Religiosas é eclesiásticas é seglares; consta é paresçe el grand daño que á los christianos se ha seguido y sigue de la partiçipaçión, conversaçión, comunícaçión quehan tenido é tienen con los judíos; los quales se pruevan que procuran siempre, por quantas vías é maneras pueden de subertir é subtraer de nuestra Santa fe católica a los fieles christianos, é los apartar della, é atraer é pervertir á su dañadacreencia é opinión, ynstruyóndolos en las çeremonias é observancias de su ley, hasiendo ayuntamientos donde les leen é enseñan lo que han de creer é guardar segund su ley, procurando de çirnunçidar á ellos é á sus fijos, dándoles libros por donde rezasen sus oraçiones, é declarándoles los ayunos que han de ayunar, é juntándose con ellos á leer é enseñarleslas estorias de su ley, notificándoles las pascuas antes que vengan, avísándoles de lo que en ella han de guardar é haser, dándoles é levándoles de su casa el pan çençeño é carnes muertas con çeremonias, ynstruyéndoles de las cosas de que se han de apartar, así en los comeres commo en las otras cosas por observancia de su ley, é persuadiéndoles en quanto pueden á que tengan é guarden la ley de moysén, haziéndoles entender que non hay otra ley nin verdad, salvo aquella; lo qual consta por muchos dichos é confisiones, así de los mismos judíos, commo de los que fueron pervertidos y engañados por ellos; lo qual ha redundado en gran daño é detrimento é obprobio de nuestra sancta fe católica. Y commo quier que de mucha parte desto fuemmos ynformados antes de agora, y conocimos quel Remedio verdadero de todos estos daños é ynconvenientes estava en apartar del todo la comunicación de los dichos judíos con los christianos é echarlos de todos nuestros Reynos, quesímonos contentar con mandarlos salir de todas las çibdades é villas é lugares del andaluzia, donde parescía que avían fecho mayor daño, creyendo que aquellos bastaría para que los de las otras cibdades é villas é lugares de los nuestros Reynos é Señoríos cesasen de hazer é cometer lo susodicho;(1) é porque somos ynformados que aquello, ni las justiçias que se han fecho en algunos de los dichos judíos, que se han fallado muy culpantes de los dichos crímines é delitos contra nuestra Santa fe católica, non basta para entero remedio; para obviar é remediar commo çese tan grand obprobio é ofensa á nuestra Santa fe y Religión christiana, porque cada día se halla é parnsce que los dichos judíos creçen en confinuar su malo é dañado propósito, á donde biven é conversan; y porque non haya lugar de más ofender a nuestra Santa fe, así en los que hasta aquí dios ha querido guardar commo en los que cayeron se enmendaron é reduzieron á la santa madre yglesia, lo qual segund la flequeza de nuestra humanidad é abstucia é subgestión diabólica, que contino nos guerrea, ligeramente(2) podría acaescer si la cabsa prinçipal desto non se quita, que es echar los dichos judíos de nuestros Reynos: porque quando algund grave é detestable crimen es cometido por algunos de algund colegio é universidad, es razón que el tal colegio é universidad sean disolvidos é anichilados, é los menores por los mayores é los unos por los otros pugnidos, é que aquellos que pervierten el buen é honesto bevir de las çibdades é villas, é por contagio que puede dañar á los otros, sean espelidos de los pueblos, é aun por otras más leves cabsas que sean en daño de la República ¿quánto más por el mayor de los crímines é más peligroso écontagioso, commo lo es este?

   Por ende, nos con consejo y paresçer de algunos perlados é grandes é cavalleros de nuestros Reynos, é de otras personas de çiencia é conçiençia de nuestro consejo, aviendo avido sobre ellos mucha deliberación, acordamos de mandar salir todos los dichos judíos é judías de nuestros Reynos, é que jamás tornen ni buelvan á ellos, ni á algunosdellos; y sobre ello mandamos dar esta nuestra carta, por la qual mandamos a todos los judíos é judías de qualquier hedad que sean, que biven é moran é están en los dichos nuestros Reynos é señoríos, así los naturales dellos, commo os non naturales que en qualquier manera por qualquier cabsa ayan venido é estén en ellos, que fasta en fin del mes de Jullio primero que viene deste presente año salgan de todos los dichos nuestros Reynos é Señoríos con sus fijos é fijas é criados é criadas é familiares judíos, así grandes commo pequeños, de qualquier hedad que sean; é non sean osados de tornar á ellos ni estar en ellos ni en parte alguna dellos de bibienda, ni de paso, ni en otra manera alguna; so pena que, si lo non fizieren é cumplieren así, é fueren hallados vesinar en los dichos nuestros Reynos e señoríos ó venir á ellos en qualquier manera, incurran en pena de muerte é confiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara é fisco; en las quales penas incurran por ese mismo fecho é derecho sin otro proçeso, sentençia, ni declaración. E mandamos é defendemos, que ningunas nin algunas personas de los dichos nuestros Rey nos, de qualquier estado, condiçión, dignidad que sean, non sean osados de reçebir, reçebtar, ni recoger, ni defender, nin aver pública nin secretamente judío nin judía, pasado el dicho término de fin de Jullio en adelante para siempre jamás en sus tierras, ni en sus casas, ni en otra parte alguna de los dichos nuestros Reynos é Señoríos, so pena de perdimiento de todos sus bienes vasallos é fortalesas é otros heredamientos; é otrosí de perder qualesquiera mercedes, que de nos tengan, para la nuestra cámara é fisco.

   E por que los dichos judíos é judías puedan durante el dicho tiempo fasta en fin del dicho mes de Jullio mejor disponer de sí é de sus bienes é hasienda, por la presente los tomamos é reçebimos so nuestro seguro é amparo é defendimiento Real, é los aseguramos á ellos é á sus bienes para que durante el dicho tiempo para el día final del dicho mes de Jullio puedan andar é estar seguros, é puedan entrar, é vender, é trocar, é enagenar todos sus bienes muebles é rayses, édisponer delios libremente á su voluntad, é que durante el dicho tiempo non les sea fecho mal ni daño ni desaguisadolguno en sus personas, ni en sus bienes, contra justiçia so las penas en que cahen é yncurren los que quebrantan nuestro Seguro Real. E asimismo damos liçencia é facultad á los dichos judíos é judías que puedan sacar fuera de todos los dichos nuestros Reynos é señoríos sus bienes é hasienda por mar é por tierra; con tanto que non saquen oro, ni plata, ni moneda amonedada, ni las otras cosas vedadas por las leyes de nuestros Reynos, salvo en mercaderías é que non sean cosas vedadas é en canbios.

   E otrosí mandamos é todos los concejos, justicias, Regidores, cavalleros, escuderos, ofiçiales é omes buenos de la dicha cibdad de ávila é de las otras cibdades é villas é lugares de los nuestros Reynos é señoríos, é á todos nuestros vasallos súbditos é naturales, que guarden é cumplan, é fagan guardar é cumplir esta carta é todo lo que en ellacontenido, é den é fagan dar todo el favor é ayuda que para ello fuere menester, so pena de la nuestra merçed, éconfiscación de todos sus bienes para la nuestra cámara é fisco.

   E por que esto pueda venir é noticia de todos é ninguno pueda pretender ygnorançia, mandamos que esta nuestra carta sea apregonada por las plaças é lugares acostumbrados desa dicha cibdad é de las principales cibdades é villas é lugares de su obispado, por pregonero é ante escrivano público. E los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al poralguna (manera), so pena de la nuestra merced é de privaçión de los ofiçios é confiscaçión de los bienes á cada uno de los que lo contrario fisieren. E demás mandamos al ome, que les está nuestra carta mostrare, que les enplase que parescan ante nos en la nuestra corte, do quier que nos seamos, de día que los enplasare fasta quinse días primeros siguientes so la dicha pena, con la qual mandamos á qualquier escrivano público, que para esto fuere llamado, que dé ende al que se la mostrare testimonio sygnado con su sygno, por que nos sepamos commo se cumple nuestro mandado.
   Dada en la nuestra cibdad de granada, á XXXI días del mes de março año del Naçimiento de nuestro Señor ihesu christo de mill é quatrocientos é noventa é dos años.

          Yo el Rey.Yo la Reyna.

EN CASTELLANO MODERNO


Los Reyes Fernando e Isabel, por la gracia de Dios, Reyes de Castilla, León, Aragón y otros dominios de la corona- al príncipe Juan, los duques, marqueses, condes, ordenes religiosas y sus Maestres,... señores de los Castillos, caballeros y a todos los judíos hombres y mujeres de cualquier edad y a quienquiera esta carta le concierna, salud y gracia para él.

Bien es sabido que en nuestros dominios, existen algunos malos cristianos que han judaizado y han cometido apostasía contra la santa fe Católica, siendo causa la mayoría por las relaciones entre judíos y cristianos. Por lo tanto, en el año de 1480, ordenamos que los judíos fueran separados de las ciudades y provincias de nuestros dominios y que les fueran adjudicados sectores separados, esperando que con esta separación la situación existente sería remediada, y nosotros ordenamos que se estableciera la Inquisición en estos dominios; y en el término de 12 años ha funcionado y la Inquisición ha encontrado muchas personas culpables además, estamos informados por la Inquisición y otros el gran daño que persiste a los cristianos al relacionarse con los judíos, y a su vez estos judíos tratan de todas maneras a subvertir la Santa Fe Católica y están tratando de obstaculizar cristianos creyentes de acercarse a sus creencias.

Estos Judíos han instruido a esos cristianos en las ceremonias y creencias de sus leyes,  circuncidando a sus hijos y dándoles libros para sus rezos, y declarando a ellos los días de ayuno, y reuniéndoles para enseñarles las historias de sus leyes, informándoles cuando son las festividades de Pascua y como seguirla, dándoles el pan sin levadura y las carnes preparadas  ceremonialmente, y dando instrucción de las cosas que deben abstenerse con relación a alimentos y otras cosas requiriendo el seguimiento de las leyes de Moisés, haciéndoles saber a pleno  conocimiento que no existe otra ley o verdad fuera de esta. Y así lo hace claro basados en sus  confesiones de estos judíos lo mismo a los cuales han pervertido que ha sido resultado en un  gran daño y detrimento a la santa fe Católica, y como nosotros conocíamos el verdadero remedio de estos daños y las dificultades yacían en el interferir de toda comunicación entre los mencionados Judíos y los Cristianos y enviándolos fuera de todos nuestros dominios, nosotros nos  contentamos en ordenar si ya dichos Judíos de todas las ciudades y villas y lugares de Andalucía  donde aparentemente ellos habían efectuado el mayor daño, y creyendo que esto seria suficiente de modo que en esos y otras ciudades y villas y lugares en nuestros reinos y nuestras posesiones  seria efectivo y cesarían a cometer lo mencionado. Y porque hemos sido informados que nada de esto, ni es el caso ni las justicias hechas para algunos de los mencionados judíos encontrándolos muy culpables por lo por los susodichos crímenes y transgresiones contra la santa fe Católica han  sido un remedio completo obviar y corregir estos delitos y ofensas. Y a la fe Cristiana y religión  cada día parece que los Judíos incrementan en continuar su maldad y daño objetivo a donde residan y conversen; y porque no existe lugar donde ofender de mas a nuestra santa creencia,  como a los cuales Dios ha protegido hasta el día de hoy y a aquellos que han sido  influenciados, deber de la Santa Madre Iglesia reparar y reducir esta situación al estado anterior,  debido a lo frágil del ser humano, pudiese ocurrir que podemos sucumbir a la diabólica tentación  que continuamente combate contra nosotros, de modo que, si siendo la causa principal los llamados  judíos si no son convertidos deberán ser expulsados de el Reino.

Debido a que cuando un crimen detestable y poderoso es cometido por algunos miembros de algún  grupo es razonable el grupo debe ser absuelto o aniquilado y los menores por los mayores serán  castigados uno por el otro y aquellos que permiten a los buenos y honestos en las ciudades y en  las villas y por su contacto puedan perjudicar a otros deberán ser expulsados del grupo de gentes  y a pesar de menores razones serán perjudiciales a la República y los mas por la mayoría de sus crímenes seria peligroso y contagioso de modo que el Consejo de hombres eminentes y caballeros de nuestro reinado y de otras personas de conciencia y conocimiento de nuestro supremo concejo y después de muchísima deliberación se acordó en dictar que todos los Judíos y Judías deben  abandonar nuestros reinados y que no sea permitido nunca regresar.

Nosotros ordenamos además en este edicto que los Judíos y Judías cualquiera edad que residan en  nuestros dominios o territorios que partan con sus hijos e hijas, sirvientes y familiares pequeños o  grandes de todas las edades al fin de Julio de este año y que no se atrevan a regresar a  nuestras tierras y que no tomen un paso adelante a traspasar de la manera que si algún Judío que no acepte este edicto si acaso es encontrado en estos dominios o regresa será culpado a muerte y confiscación de sus bienes.

Y hemos ordenado que ninguna persona en nuestro reinado sin importar su estado social incluyendo nobles que escondan o guarden o defiendan a un Judío o Judía ya sea públicamente o secretamente desde fines de Julio y meses subsiguientes en sus hogares o en otro sitio en nuestra región con riesgos de perder como castigo todos sus feudos y fortificaciones, privilegios y bienes hereditarios.

Hágase que los Judíos puedan deshacerse de sus hogares y todas sus pertenencias en el plazo estipulado por lo tanto nosotros proveemos nuestro compromiso de la protección y la seguridad de modo que al final del mes de Julio ellos puedan vender e intercambiar sus propiedades y muebles y cualquier otro articulo y disponer de ellos libremente a su criterio que durante este plazo nadie debe hacerles ningún daño, herirlos o injusticias a estas personas o a sus bienes lo cual seria injustificado y el que transgrediese esto incurrirá en el castigo los que violen nuestra seguridad Real.

Damos y otorgamos permiso a los anteriormente referidos Judíos y Judías a llevar consigo fuera de nuestras regiones sus bienes y pertenencias por mar o por tierra exceptuando oro y plata, o moneda acuñada u otro articulo prohibido por las leyes del reinado.

De modo que ordenamos a todos los concejales, magistrados, caballeros, guardias, oficiales, buenos hombres de la ciudad de Burgos y otras ciudades y villas de nuestro reino y dominios, y a todos nuestros vasallos y personas, que respeten y obedezcan con esta carta y con todo lo que contiene en ella, y que den la clase de asistencia y ayuda necesaria para su ejecución, sujeta a castigo por nuestra gracia soberana y por la confiscación de todos los bienes y propiedades para nuestra casa real y que esta sea notificada a todos y que ninguno pretenda ignorarla, ordenamos que este edicto sea proclamado en todas las plazas y los sitios de reunión de todas las ciudades y en las ciudades principales y villas de las diócesis, y sea hecho por el heraldo en presencia de el escribano público, y que ninguno o nadie haga lo contrario de lo que ha sido definido, sujeto al castigo de nuestra gracia soberana y la anulación de sus cargos y confiscación de sus bienes al que haga lo contrario.

Y ordenamos que se evidencie y pruebe a la corte con un testimonio firmado especificando la manera en que el edicto fue llevado a cabo.

Dado en esta ciudad de Granada el Treinta y uno día de marzo del año de nuestro señorJesucristo de 1492.

Firmado Yo, el Rey, Yo la Reina, y Juan de la Colonia secretario del Rey y la Reina quien lo ha escrito por orden de sus Majestades.

12 de Octubre: primer día del Imperio

12 de Octubre: primer día del Imperio

 

Era nuestra Granada.

Isabel y Fernando –Yugo y Flechas– habían cerrado con la cristianización de los minaretes de la ciudad mora, el broche de la reconquista que iniciara Pelayo en Covadonga.

España era nación, apretada en su unidad de destino.

La judería cruza las fronteras, o inclina su perfidia siónica ante la Cruz.

Los nobles comienzan a sentir su auténtica nobleza dentro de la órbita de una patria en la que anochece el feudalismo.

Cisneros canta a España por las tierras de Africa. El Mediterráneo es para nosotros y suena en el viento la gloria del Gran Capitán.

Nuestro destino está trazado y perfilada en la Historia nuestra razón de ser.

Agoniza el siglo XV. La antorcha civilizadora empieza a deslumbrar las conciencias dormidas de hierro y Edad Media, y es precisamente entonces, cuando el visionario Cristóbal Colón, cuenta a la Reina Católica sus sueños de horizontes y lejanías.

El orbe de la cristiandad que más tarde tendrá su centro espiritual en Valladolid con el César Carlos y en El Escorial con el Rey Felipe, siente paroxismo de Imperio, voluntad de expansión y ansia de almas y horizontes para la Justicia y para Dios.

Pero el mar es la frontera que rodea nuestra sed de infinito.

Ya no hay Santo Sepulcro que conquistar en Oriente, se han vencido los símbolos islámicos en el Continente; el Mediterráneo es pequeño para las pupilas de nuestros navegantes y en las tierras de Europa que más tarde cruzarán en triunfo los estandartes del César, no hay empresa universal que cumplir.

España, ecuménica, imperial y romana, sólo tiene abierta una ventana grande a la altura de sus destinos: el azul sin fin del océano, tras el que todas las auroras los sueños de Colón, ven desde los alféizares granadinos, abrirse nuevas rutas de luz para la Historia.

Isabel, guerrera y santa, vende sus joyas de reina pobre y abre con el sacrificio las puertas del más allá para la gran empresa de España.

Hay quehacer en las dársenas de los armadores, recluta de navegantes audaces, hondos suspiros de esperanza brava en los pechos morenos de los Pinzones y un constante bisbiseo que corre por todos los labios de la Península: «Por orden de la Reina se va a buscar un nuevo camino de las Indias.»

El ansia popular se va incorporando a nuestra primer aventura imperial.

España ha comenzado su quehacer y un buen día, nublado de interrogantes en el cielo y de rumores de despedida en la tierra, los baupreses de tres carabelas, que danzan sobre las aguas andaluzas, enfilan azules marineros, hacia las tierras del Imperio que todos presienten en la alegría de las entrañas desde los ventanales góticos de nuestra Rábida que hoy está de luto.

Y allá van, los precursores de Elcano –«Primus circundidiste mihi»– dueños de la esfera sobre la teoría del mar, a crear nuestra gloria que nadie en el planeta podrá igualar ya nunca. España va a descubrir tierras que luego conquistará para la Raza.

Marchan día y noche con el alma despierta; una incertidumbre y una esperanza en cada suspiro. Bajo los cielos inmensos del Atlántico, Flechas y Yugos, junto a la Cruz de la Victoria, abren frente hacia el «Plus Ultra» desde la majestad hinchada de las lonas que no rondan gaviotas.

Sobre el mar y bajo el cielo, les acompaña sólo Dios.

Hasta que al fin, un 12 de Octubre, Este dispone que sea el primer día del Imperio.

Las primeras islas de las costas americanas, se perfilan ante sus ojos, y es un mundo inmenso y único el que Dios ofrece a los héroes de la Reconquista. Para los que alzaron la Cruz por los riscos astures de Covadonga ocho siglos atrás, para los héroes de Las Navas de Tolosa, para los conquistadores de la Alhambra, un premio divino: América.

Hay concierto de fieras y pájaros entre la flora extraña de sus selvas perfumadas. Los aborígenes hincan en tierra la rodilla ofreciendo sus frutas y metales, hay un temblor de advenimiento en toda la increíble geografía, y en medio de este apoteosis triunfal, Colón el visionario clava la cruz entre las flores de canela y toma posesión de aquella tierra virgen en nombre de sus Reyes y para España y Dios.

Fue aquél, el primer día del Imperio.

12 de Octubre de 1492.

Más tarde, el triunfo rotundo de la Cristiandad. Marcha la Historia y el esfuerzo heroico de la Raza va haciendo brotar aureles frescos en cada rincón del mundo.

En América se habla castellano desde California a la Tierra de Fuego. Las espadas de nuestros capitanes se han encargado de ello. Pizarro, Almagro y Hernán Cortés hablan como en Castilla, y así han de cantar sus glorias los incas y los aztecas.

Viene oro y savia joven del otro lado del mar y también extendemos nuestra influencia por el viejo mundo.

Alba en Flandes, San Francisco Javier en el Japón y en China, Carlos V en Italia, Francia y Africa, y los Jesuítas en el Paraguay, completan después nuestra misión y la luz eterna de España llena el mundo al salir el sol cada mañana.

La Raza ha cumplido su misión y el Cristianismo impera, defendido por el Yugo y las Flechas en todos los meridianos.

Frente a éste, la acción de todas las fuerzas enemigas de nuestra Catolicidad, empieza una lucha sorda desde la cloaca masónica, a la que llegan ensordecedoras, las exigencias de nuestra fe racial.

Pasan los siglos y el Imperio va demoliéndose, a falta de Reyes auténticos, de Césares geniales y de Capitanes cristianos.

Fuerzas extrañas a la raza van ahogando su razón de ser y desviando la senda de su destino, y el Imperio se hunde en lo visible, en lo geográfico y en lo económico.

Pero no importa.

Aires saturados de constituciones, enciclopedismos, teorías roussonianas, mitos liberales, órdenes secretas, cuevas masónicas y traiciones de lesa patria, no han podido hacer mella en el imperio espiritual de la Raza.

España ha sabido esperar a su joven César, y otra vez tras el Yugo y las Flechas de la Conquista, ha iniciado su reconstrucción imperial.

Vuelve América sus ojos a nosotros mientras el Pilar de la Virgen se afirma en Zaragoza ante la bárbara embestida, los cimientos del Kremlin se tambalean, en Moscú como un día los templos de Moctezuma en México.

Los ejércitos de Franco alzan la cruz en Covadonga y en Granada, y desde el otro lado del Atlántico, como entonces, hay rodillas hincadas en la tierra por el triunfo de España. La Raza ha oído otra vez la voz de Dios, y la hispanidad sabedora de su misión histórica está nuevamente en pie tras las banderas de la Cristiandad.

En este II Año Triunfal de España en que se cumple el 445 aniversario del primer día de nuestro Imperio, todos los hispanos extendemos nuestros brazos, a ambos lados del mar, en el saludo que nos impone nuestra unidad de destino, porque la Raza está en peligro, y para salvarla, el joven César y capitán cristiano Francisco Franco, nos llamó a todos en aquel atardecer del 18 de Julio, que fue también el primer día de un nuevo y transcendental ciclo histórico.

El de la reconstrucción de nuestro Imperio, que es el de la Hispanidad y el de Dios.

Federico de Urrutia

Publicado en: Transcripción íntegra del artículo publicado en Vértice. Revista Nacional de la Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., Número 5, septiembre-octubre del año 1937, II año triunfal

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México. La caravana de Pánfilo de Narváez llegó para capturar a Hernán Cortés. Los mexicas se los comieron

México. La caravana de Pánfilo de Narváez llegó para capturar a Hernán Cortés. Los mexicas se los comieron

Los hallazgos incluyen huesos hervidos, lo que ha dado lugar a pensar en canibalismoEn junio de 1520, una caravana de las tropas del conquistador Pánfilo de Narváez, compuesta por unas 550 personas -entre españoles, indígenas, negros, mulatos y mestizos-, cayó en manos de guerreros del reino de Texcoco. Muchos de los hombres, mujeres y niños cautivos terminaron sacrificados en rituales mexicas. Entre ellos, una mujer española sexagenaria, cuya vida fue ofrendada a la diosa Tozi, la madre de todos los dioses aztecas.

La antropofagia religiosa formó parte de las ceremonias realizadas en distintos puntos sagrados de lo que es hoy el Estado de Tlaxcala, según el arqueólogo Enrique Martínez, coordinador del equipo científico que trabaja en la zona desde hace más de una década. Según las investigaciones realizadas, las personas que viajaban con Pánfilo de Narváez venían de Cuba, con la misión de capturar a Hernán Cortés y formar una colonia: "De ahí que trajeran una enorme diversidad de gente y de animales domésticos, como vacas, caballos, borregos, perros, cerdos y gallinas. En la caravana capturada también había individuos heridos, además de enseres personales de los conquistadores, incluso del propio Cortés".

Hasta el momento se ha logrado identificar entre quienes fueron sacrificados a 20 españoles -ocho mujeres-, siete negros y dos mulatas, pero hubo muchos más hombres y mujeres de los pueblos prehispánicos, principalmente tlaxcaltecas, totonacas, otomis y mayas, según los estudios realizados por el doctor Carlos Serrano.

La captura de la caravana fue todo un acontecimiento. De entrada, provocó que la población de Teocaque, que tradicionalmente se dedicaba a recolectar y distribuir pulque (aguardiente del cactus Maguey), se triplicase. Además, forzó a una transformación arquitectónica. Los mexicas y sus aliados de Texcoco pidieron instrucciones a la Gran México-Tenochtitlán. Llegaron entonces varios sacerdotes que ordenaron la creación de un "punto de encuentro entre los hombres y los dioses" en el centro de la población, donde se erigieron tres plazas resguardadas por un muro.

En estas áreas sagradas comenzaron los sacrificios rituales, de acuerdo con el calendario de fiestas mexica (de 20 días por mes). Se elegía a los cautivos de acuerdo a su edad y sexo, e incluso a sus grados como guerreros, pues para cada dios había que destinar a alguien en especial. Así, desde finales de junio de 1520 a finales de febrero o principios de marzo de 1521, contó Enrique Martínez, tuvieron lugar los rituales que incluían el sacrificio humano. Los cuerpos de los ofrendados fueron en ocasiones desmembrados y algunas partes fueron comidas por un grupo selecto integrado por sacerdotes, guerreros y miembros de la clase dominante.

Los muros construidos protegían las zonas sagradas y aislaban el centro de la ceremonia para que no se contaminara. Según Martínez, allí se dedicaban los sacrificios a dioses como Huitzilopochtli -deidad de la guerra-, al que se le ofrecía el zompantli (altar de cráneos). También se veneraba a Mayahuel, dios del pulque; a Tlaloc, señor de la lluvia; a Mictlantecutli, amo del inframundo; a Tezcatlipoca, dios de la pureza y el pecado; a Tozi, madre de todos; y a Quetzaltcoatl.

Los hallazgos incluyen huesos hervidos, lo que ha dado lugar a pensar en el canibalismo. Esta práctica del hervido tenía que ver con la limpieza de los huesos, que para los pueblos antiguos de México eran casi sagrados. Por ello colocaban los cráneos en el zompantli o en sus casas.

Martínez pone de relieve que en el momento en que se producen la captura y los sacrificios, los pueblos de la zona se resistían a la conquista. Cuando incluían a españoles o guerreros de otros pueblos en los sacrificios y se comían algunas partes, trataban de engullir su fuerza y su energía, para seguir en la batalla. En Teocaque, algunos de los restos como los huesos y las calaveras fueron exhibidos por los mexicas y texcocanos. Con ello querían enviar un mensaje a los indígenas que se aliaban con los conquistadores: "Ven, esto es lo que les pasará si se acercan", dice el arqueólogo.

El experto también subraya que Cortés supo lo que estaba pasando con la caravana capturada, pero no acudió en su ayuda. Incluso cuando reconquista Tenochtitlán evitó pasar por la zona sagrada donde se hicieron los sacrificios. La riqueza cultural del sitio excavado abarca la arquitectura, la historia, el centro ritual y las pertenencias de los conquistadores.

La arqueóloga Ximena Chávez, jefa del Departamento de Resguardo de Bienes del Museo del Templo Mayor, sostiene que el sacrificio humano era un ritual que no se dio únicamente entre los aztecas (mexicas). Esta ceremonia aparece reflejada primero en la cosmovisión mesoamericana, desde épocas muy antiguas, e incluía la decapitación, y tiene auge en Teotihuacán, y más tarde entre los pueblos mexicas, que "no son los inventores", concluye. Ella descarta totalmente que se tratara de una cuestión relacionada con el canibalismo como práctica común e insiste en que se trata de un asunto religioso y que no fue tan masivo como dicen los cronistas españoles, que los exageraron para justificar de alguna manera las matanzas de indígenas.

Fuente: ANTONIO O. ÁVILA / El País.es / 31 de agosto de 2006
Enlace: http://www.elpais.es/articulo/revista/agosto/Espanoles/devorados/elpporcul/20060831elpepirdv_5/Tes/

Publicado en: Terrae Antiquae

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